Finalista del concurso Pequeño Cervantes.

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Buenos días. Queda pendiente de anunciar el ganador y finalista del concurso pequeño cervantes, que corresponde a los alumnos de primero y segundo de secundaria.

Os cuelgo el texto finalista de un alumno de Segundo de ESO. Espero que os guste.

 

Finalista III Certamen Literario Vegasur

Modalidad “Pequeño Cervantes” 1º-2º ESO

 

Una experiencia extraña

 

Hoy no es un día como otro cualquiera, hay sol, tres o cuatro nubes que te dan sombra, una brisa de las típicas mañanas de verano, los pájaros cantando en los árboles con los frutos ya maduros… Yo ya estaba disfrutando de este día, dando una vuelta por el campo de al lado de mi casa con Raúl, Javier y Marcos, mis tres mejores amigos.

Iba a ser un día perfecto para los cuatro, hasta que, por arte de magia, aparecieron unas nubes negras. Enseguida empezó a llover y acto seguido, a tronar.

-¿Nos vamos a casa y echamos unas partidas a la consola?, preguntó Javier.

Raúl, Marcos y yo contestamos simultáneamente: ¡Claaaaaro!

Nos fuimos corriendo a nuestras casas, nos duchamos para entrar en calor. Todo listo. Encendimos la consola, nos invitamos a un grupo para poder hablar a la vez que jugábamos y empezamos a divertirnos. Nada más comenzar a jugar, cayó un rayo en cada una de nuestras casas.

-Todo está muy oscuro, dije yo.

-Ya ves, dijo Javier.

-Em… chicos… mirad arriba, dijo Marcos.

No nos dio tiempo a reaccionar a ninguno. Solo nos dio tiempo a escuchar una leve voz.

-¡Rayooo!

Y esa fue la última vez que vi a Javier, a Marcos y a Raúl.

Como por arte de magia salimos volando cada uno a una dirección y nos perdimos de vista. No sé cómo sobreviví, pero creo que sí sé porqué llegué hasta aquí.

La oscuridad de ese momento, el rayo y esa última voz que escuché me han estado atormentando desde que llegué a esta especie de bosque. Desde la caída del rayo en mi casa todo se había vuelto muy extraño, oscuro, misterioso… 

No, no era el juego, sino donde yo estaba, y tampoco tenía los cascos puestos y escuchaba a mis amigos y… a esa voz, ¡esa maldita voz!

¿Me había teletransportado por culpa del rayo? no creo. ¿Me había vuelto loco? puede ser…

-Ahora mi objetivo es encontrar a mis amigos, regresar a nuestras casas e incluso, aunque dudo mucho que estemos en otro universo, regresar a nuestro mundo, pensé, ingenuo de mí.

Con tantas preguntas atormentándome, me quedé dormido en un pequeño claro del bosque. Cuando desperté, estaba en una especie de bodega rara.

A mi lado estaba Javier, dormido como un tronco. Decidí levantarme y acercarme a la puerta del final. Con cada paso que daba, el suelo de madera oscura crujía y parecía que en cualquier momento se vendría abajo. Antes de abrir la puerta, me acordé de Javier y decidí recogerle. Después de acercarme a él, se despertó nombrándome.

-¿Víctor, eres tú?

Su voz estaba bastante ronca, como si estuviera herido.

-Sí, soy yo, le dije a Javier.

-Salgamos de aquí, rápido. Luego te explico lo que me ha pasado, pero antes ayúdame a levantarme, estoy herido y no puedo, me dijo Javier.

Después de ayudarle, le cogí en brazos y nos fuimos de esa bodega.

Nada más abrir esa puerta, estábamos en un bosque.

Cuando huimos de esa zona, nos encontramos en una cabaña hecha a mano, con solo una única habitación de unos 7 metros cuadrados.

-La he hecho yo, dijo Javier.

-¡Qué chula! hagamos una fogata para entrar en calor y me cuentas qué te ha pasado. Tú guarda reposo y yo buscaré madera, ¿vale?, le dije a Javier. Él asintió.

Me adentré en el bosque y cogí madera, palos, piedras y hojas secas. Después de traer todas las cosas, preparamos una hoguera y me contó que después de que nos cayera el rayo y saliéramos disparados, él aterrizó en un lago cercano a la cabaña y ahí había una especie de animal muy raro que se podía transformar en otras personas o animales y le encerró en ese búnker/bodega/casa porque se había transformado en Raúl y pensaba que era él.

Cuando ya nos estaba entrando el sueño, fui al lago en el que aterrizó Javier y llené un cubo de agua. Mientras volvía, me iba fijando en el bosque… era precioso, había flores de todos los tipos.

Escuché un rugido, así que decidí apresurarme para llegar rápido a la cabaña. Cuando llegué, apagué el fuego y entramos Javi y yo a la cabaña.

Al día siguiente, cuando me levanté, Javier no estaba en la cabaña, pero tampoco estaba fuera. Me extrañé un montón, pero al cabo del rato volvió.

-Javier, ¿dónde estabas? me habías preocupado.

-Estaba recogiendo fruta para desayunar. ¡Tranquilo, Oliver!

¡¿OLIVER!?

¿Quién es Oliver?, pensé… ¿por qué me llama así?

De repente, me acordé de lo que me dijo ayer por la noche Javier. Cuando nos cayó el rayo y cada uno salimos despedidos, aterricé en un lago que hay aquí cerca de mi cabaña. Había un animal muy raro que se podía transformar en otras personas o animales y me encerró en el lugar donde me había encontrado.

En ese momento le seguí la corriente, pero me hizo comer lo que parecía una fruta pero no lo era. Tenía el mismo aspecto y sabor que una fruta, pero ésta, me hizo dormir durante tres días.

Cuando me desperté, no había ni rastro del monstruo ni de Javier.

Ya han pasado seis días desde que llegamos a esta especie de lugar. Me pregunto si estará bien mi familia y mis amigos.

-Tendré que ir a buscar a mis amigos, dije en voz baja.

-Pero primero saluda, dijo una voz detrás de mí.

En ese momento, sentí cómo si el corazón se me saliera del pecho, sintiendo como un ardor a la vez que un escalofrío recorría mi cuerpo.

-¿Q…qui…Quién eres?, grité.

-Date la vuelta, me ordenó.

Cuando lo hice, ante mí surgió una especie de masa amorfa con tres cabezas, seis piernas y seis brazos. Pero…esas cabezas… ¡Dios mío! ¡eran de mis amigos!

-¿Qué te pasa Oliver? dijiste hace un momento que querías ver a tus amigos, ¿no? Pronunciaron las tres cabezas a la vez…

¡Un momento! ¡OLIVERRRRR!

-¡Venga ya!, grité y salí corriendo.

Esa cosa empezó a perseguirme, pero no lograba perderle de vista. Estuvimos jugando a este macabro Pilla – Pilla hasta que comenzó a atardecer.

-¿Conque estabas ahí…?, dijo el monstruo.

En ese momento, volví a salir corriendo, desesperado. No había salida, solo un barranco de unos 150 metros de altura.

-¿Qué harás ahora? dijo el monstruo. Cerré y volví a abrir los ojos situándome en la camilla de un hospital.

Me encontré allí con mis padres, mi hermano pequeño y con dos doctores, uno de ellos cargando un desfibrilador. Me dijeron que había estado en coma una semana debido a que un rayo cayó en mi casa y se me derrumbó el techo encima. Me dijeron que había tenido mucha suerte y que tendría que guardar reposo. Acto seguido, les conté a mi hermano y a mis padres lo que me pasó en el sueño.

 Mi padre me dijo que en la noche que cayó un rayo en casa, él gritó la palabra rayo. Entonces, ¿¡le escuché dentro de mi coma!? Bueno, eso ya nunca lo sabremos, lo importante es que estoy bien.

Después de haber dicho a mi familia lo que me ocurrió en mi sueño y ellos contarme cómo me quedé en coma, me explicaron dos descargas. 

-Entonces, ¿cuando noté que se me salía el corazón y notaba ese ardor en el pecho, fue por el desfibrilador?, pensé casi agradeciéndolo.

-¡Menos mal!

Mis amigos me lo confirmaron. ¡Nunca me he alegrado tanto de despertarme!

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