Expresión escrita. El tiburón negro.

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Hola a todos. Durante el mes de mayo nuestros alumnos más mayores de primaria han realizado la actividad de expresión escrita llamada “El tiburón negro”, un tema de zoología y medio marino que no habíamos tocado todavía.

Como en la mayoría de los casos, les hemos dado el relato empezado, con el inicio y la primera parte del nudo, para que ellos sigan escribiendo y realicen todo el nudo y el desenlace.

Tengo que decir que cada vez estoy más contento con sus trabajos, puesto que han aprendido a estructurar bien los textos y han incluido diálogos de los distintos personajes, de forma que la lectura de la historia se haga amena y divertida.

Todavía quedan algunos aspectos por pulir, pero los trabajos han sido muy buenos.

Os dejo aquí el texto que les hemos dado.

EL TIBURÓN NEGRO.

Pablo era un joven pero experimentado capitán de barco. Trabajaba para un grupo de científicos canadienses que estaban intentando encontrar una nueva especie de tiburón que algunos buceadores habían divisado en una isla del Océano Atlantico Norte. 

Pablo sabía que la búsqueda iba a ser muy difícil, puesto que los tiburones habitan en aguas cálidas y ellos estaban buscándolo en unas aguas mucho más frías. 

Creía que todo era objeto de una broma o leyenda local para atraer turistas, pero conocía muy bien a uno de los buceadores que afirmaba que el tiburón era real. Ya no sabía qué pensar.

Incluso los buceadores de la isla habían puesto nombre a la especie. Ya la llamaban el “Tiburón Negro del Atlántico”, y de ėl decían que era muy agresivo y peligroso. También aseguraban que su tamaño debía de rondar los siete y ocho metros, por lo cual necesitaban hacer las inmersiones con jaulas anti tiburones.

La misión científica tenía como propósito adherir a la piel del tiburón un chip de rastreo, para poder seguirlo, tenerlo localizado y ver si había más de su especie y poder así mostrar el hallazgo a la comunidad científica.

-Chicos, ¿Habéis comprobado bien la seguridad de las jaulas?- Preguntó Isaac, el jefe de la expedición.

-Sí, jefe, está todo bajo control, y tenemos todo el equipo de buceo preparado para la inmersión- respondió Adriana, una experimentada buceadora.

-Capitán Pablo, avíseme cuanto lleguemos al punto exacto donde se vio al tiburón- Dijo Isaac.

-Ya hemos llegado- anunció el Capitán. Ahora les toca a ustedes.

Acto seguido los buceadores se pusieron sus equipos y se metieron en la jaula, bajando a una profundidad de 10 metros. Varios científicos empezaron a echar peces y sangre para poder atraer al tiburón. 

En los Díez primeros minutos todo estaba en calma, pero en la jaula a Isaac le pareció ver a lo lejos una gran sombra…


En esta ocasión he elegido las historias de 6ºC, con quienes tengo un nexo de unión muy fuerte, me lo he pasado muy bien haciendo inolvidables sesiones de lectura y escritura, y a quienes voy a echar mucho de menos el curso que viene. Espero que os gusten.

Pablo era un joven pero experimentado capitán de barco. Trabajaba para un grupo de científicos canadienses que estaban intentando encontrar una nueva especie de tiburón que algunos buceadores habían divisado en una isla del Océano Atlantico Norte.
Pablo sabía que la búsqueda iba a ser muy difícil, puesto que los tiburones habitan en aguas cálidas y ellos estaban buscándolo en unas aguas mucho más frías.
Creía que todo era objeto de una broma o leyenda local para atraer turistas, pero conocía muy bien a uno de los buceadores que afirmaba que el tiburón era real. Ya no sabía qué pensar. Incluso los buceadores de la isla habían puesto nombre a la especie. Ya la llamaban el “Tiburón Negro del Atlántico”, y de ėl decían que era muy agresivo y peligroso. También aseguraban que su tamaño debía de rondar los siete y ocho metros, por lo cual necesitaban hacer las inmersiones con jaulas anti tiburones.
La misión científica tenía como propósito adherir a la piel del tiburón un chip de rastreo, para poder seguirlo, tenerlo localizado y ver si había más de su especie y poder así mostrar el hallazgo a la comunidad científica.
-Chicos, habéis comprobado bien la seguridad de las jaulas?- Preguntó Isaac, el jefe de la expedición.
-Sí, jefe, está todo bajo control, y tenemos todo el equipo de buceo preparado para la inmersión- respondió Adriana, una experimentada buceadora.
-Capitán Pablo, avíseme cuanto lleguemos al punto exacto donde se vio al tiburón- Dijo Isaac. -Ya hemos llegado- anunció el Capitán. Ahora les toca a ustedes.
Acto seguido los buceadores se pusieron sus equipos y se metieron en la jaula, bajando a una profundidad de 10 metros. Varios científicos empezaron a echar peces y sangre para poder atraer al tiburón.
En los Díez primeros minutos todo estaba en calma, pero en la jaula a Isaac le pareció ver a lo lejos una gran sombra por supuesto era un tiburón pero no era de la especie que él buscaba
Siguió buscando y buscando y por fin lo encontró, el tiburón negro del Atlántico, era negro y por debajo era blanco, el tiburón se acercaba más y más cada vez estaba más cerca de la jaula en la que estaban seguros por así decirlo. Cuando todos pensaban que ya no se iba a acercar más el tiburón fue directo a la jaula, mordió una barra ya que la sangre se había quedado entre la jaula y el océano la dejo con grietas pero pensaron que eso ya estaba y que no iba a pasar nada, después de un rato volvió a hacer lo mismo y esta vez casi la rompe, ordenó que subieran la jaula ya que todo era demasiado peligroso ya.
-pero si la jaula era segura ¿no? Lo habíais comprobado. Dijo Isaac asustado y enfadado.

  • si jefe, pero no sé qué a pasado, el tiburón negro del Atlántico tiene mucha fuerza al morder, y
    no sabíamos cuánta fuerza tenía para hacer así de fuerte los barrotes. Dijo Adriana mientras
    comprobaba la fuerza de aquel animal tan fuerte y grande
  • Bueno… volvamos al estudio, no tenemos mas jaulas y bajar sin ellas es muy peligroso. Dijo
    Isaac
    El capitán los volvió a llevar al estudio, Paula les miró sorprendida.
    -¿Qué hacéis aquí? ¿No se supone que estabais estudiando al tiburón negro del Atlántico? Dijo sorprendida.
  • si, pero, no miraron bien la fuerza del ese animal al morder. Casi rompe un barrote y como no
    teníamos más jaulas hemos decidido volver. Dijo Pablo que se encontraba todavía un poco asustado.
    Después de un rato y de ya haber hecho otras jaulas era demasiado tarde como para ir otra vez ya que tardaban una hora y tampoco se iba a ver el fondo.
    -adios. Se despidieron todos para ya irse a su casa
    Pablo ya había llegado a su casa, estaba muy cansado y no paraba de pensar en lo del tiburón negro. ¿Será que no habían mirado bien la jaula y dijeron que si por que les daba pereza? Ese tipo de preguntas pasaban por su cabeza, hay que reconocer que todavía estaba un poco asustado
    Al día siguiente volvieron pero esta vez con jaulas más aseguradas volvieron a bajar pero no encontraron nada. Estuvieron cinco días buscando y el último cuando ya iban a subir lo encontraron Pablo se asustó un poco pero se tranquilizó como pudo antes de medio gritar. Resulta que esa especie no ataca si no se ve amenazado sólo quiso jugar a su manera pero sólo quiso jugar después de ese día Pablo le tuvo más confianza al fondo del océano y ya no se asustaba tanto como desde que casi rompe la jaula, así es como descubrieron más de una especie y también Pablo le tiene más confianza a todo, menos a las jaulas.
  • FIN.

Otra historia.

Pablo era un joven pero experimentado capitán de barco. Trabajaba para un grupo de científicos canadienses que estaban intentando encontrar una nueva especie de tiburón que algunos buceadores habían divisado en una isla del Océano Atlantico Norte.
Pablo sabía que la búsqueda iba a ser muy difícil, puesto que los tiburones habitan en aguas cálidas y ellos estaban buscándolo en unas aguas mucho más frías.
Creía que todo era objeto de una broma o leyenda local para atraer turistas, pero conocía muy bien a uno de los buceadores que afirmaba que el tiburón era real. Ya no sabía qué pensar. Incluso los buceadores de la isla habían puesto nombre a la especie. Ya la llamaban el “Tiburón Negro del Atlántico”, y de él decían que era muy agresivo y peligroso. También aseguraban que su tamaño debía de rondar los siete y ocho metros, por lo cual necesitaban hacer las inmersiones con jaulas anti tiburones.
La misión científica tenía como propósito adherir a la piel del tiburón un chip de rastreo, para poder seguirlo, tenerlo localizado y ver si había más de su especie y poder así mostrar el hallazgo a la comunidad científica.
-Chicos, habéis comprobado bien la seguridad de las jaulas?- Preguntó Isaac, el jefe de la expedición.
-Sí, jefe, está todo bajo control, y tenemos todo el equipo de buceo preparado para la inmersión- respondió Adriana, una experimentada buceadora.
-Capitán Pablo, avíseme cuanto lleguemos al punto exacto donde se vio al tiburón- Dijo Isaac. -Ya hemos llegado- anunció el Capitán. Ahora les toca a ustedes.
Acto seguido los buceadores se pusieron sus equipos y se metieron en la jaula, bajando a una profundidad de 10 metros. Varios científicos empezaron a echar peces y sangre para poder atraer al tiburón.
En los Díez primeros minutos todo estaba en calma, pero en la jaula a Isaac le pareció ver a lo lejos una gran y oscura sombra.
Isaac se sobresaltó porque le pareció que la sombra era cada vez más grande. Cuando salió a decírselo a todos los que no se sumergieron en el agua.
-¿Una sombra?- dijo Pablo -¡JA JA JA! Te lo estarás imaginando.
Pero cuando Isaac se volvió a meter en el agua no había ni rastro de la sombra ni del tiburón. Siguieron la expedición por las frías, casi congeladas aguas del Atlántico Norte y de pronto percibieron un extraño, pero familiar olor a humo.
Siguieron el olor, pero de repente, este desapareció.
Siguieron navegando por el agua cuando María una vigía novata avistó una extraña aleta oscura en el agua, se lo comentó a toda la tripulación Pablo se dirigió a la borda, cogió un catalejo y empezó a observar detenidamente cualquier rincón del inmenso océano en el que estaban hasta que él también vio la aleta.
-Timonero, viaja hacia el este- le mandó Pablo.
Cada vez estaban más y más cerca de poder localizar a aquel extraño tiburón de color negro. De repente la aleta empezó a moverse hacia todas las direcciones y entonces, se largó.
Aunque Isaac le consiguió hacer una foto con su cámara acuática portátil.

Toda la tripulación y los científicos se quedaron boquiabiertos al comprobar que en efecto el tiburón era real.
-¡NO ME LO PUEDO CREER!- Gritó Pablo -El tiburón negro es real.
Los científicos sacaron un chip de localización para tenerlo preparado para cuando se acercaran al tiburón negro.
El barco fue a toda velocidad porque en esa parte del océano las aguas son mayormente tranquilas.
Isaac volvió a ver al tiburón, entonces, cogió el chip rastreador y entró de nuevo en su jaula. El tiburón se acercó a ellos por el olor a sangre e Isaac tuvo la ocasión de ponerle el chip, pero cuando se lo puso el tiburón nado todo lo lejos que pudo. Los científicos ya tenían localizado al tiburón.
Lo siguieron de nuevo y esta vez lo acorralaron.
Uno de los científicos se metió en una jaula para investigar al tiburón cuando se dio cuenta de que no era un tiburón, era una cría de una rara especia de megalodon.

FIN.

Más relatos.

Pablo era un joven pero experimentado capitán de barco. Trabajaba para un grupo de científicos canadienses que estaban intentando encontrar una nueva especie de tiburón que algunos buceadores habían divisado en una isla del Océano Atlantico Norte.
Pablo sabía que la búsqueda iba a ser muy difícil, puesto que los tiburones habitan en aguas cálidas y ellos estaban buscándolo en unas aguas mucho más frías.
Creía que todo era objeto de una broma o leyenda local para atraer turistas, pero conocía muy bien a uno de los buceadores que afirmaba que el tiburón era real. Ya no sabía qué pensar. Incluso los buceadores de la isla habían puesto nombre a la especie. Ya la llamaban el “Tiburón Negro del Atlántico”, y de ėl decían que era muy agresivo y peligroso. También aseguraban que su tamaño debía de rondar los siete y ocho metros, por lo cual necesitaban hacer las inmersiones con jaulas anti tiburones.
La misión científica tenía como propósito adherir a la piel del tiburón un chip de rastreo, para poder seguirlo, tenerlo localizado y ver si había más de su especie y poder así mostrar el hallazgo a la comunidad científica.
-Chicos, habéis comprobado bien la seguridad de las jaulas?- Preguntó Isaac, el jefe de la expedición.
-Sí, jefe, está todo bajo control, y tenemos todo el equipo de buceo preparado para la inmersión- respondió Adriana, una experimentada buceadora.
-Capitán Pablo, avíseme cuanto lleguemos al punto exacto donde se vio al tiburón- Dijo Isaac. -Ya hemos llegado- anunció el Capitán. Ahora les toca a ustedes.
Acto seguido los buceadores se pusieron sus equipos y se metieron en la jaula, bajando a una profundidad de 10 metros. Varios científicos empezaron a echar peces y sangre para poder atraer al tiburón.
En los Díez primeros minutos todo estaba en calma, pero en la jaula a Isaac le pareció ver a lo lejos una gran sombra negra, -Hey chicos veo una sombra a lo lejos- dijo Isaac por el walkie- talkie.
-Isaac, no le pierdas de vista a la sombra- dijo Pablo. -Se está acercando muy rápido- dijo Isaac -No te preocupes Isaac- dijo Pablo.
De pronto del agua salieron burbujas y Pablo se asustó muchísimo al verlas
-Adriana ve ayudar a Isaac- dijo Pablo -Adriana, ¡ADRIANA!- dijo Pablo por el walkie-talkie.
-…- se escuchó desde el walkie-talkie de Adriana.
-Hemos perdido a 2 buzos- dijo con una voz desanimada Pablo.
Pablo fue directo a pedir ayuda a otros buzos, Pablo fue a pedir ayuda a muchos, pero ninguno aceptó, entonces Pablo pensó que tenía que pedir ayuda a su ex mejor amigo, Alejandro.
No se hablaban desde hace 12 años.
Sabía dónde encontrarlo, en un garaje de Puerto Rico.
-Hola, Alejandro- dijo Pablo. -Déjame en paz, Pablo- dijo Alex.
-Bueno al tema, necesito tu ayuda Alex. Hay un tiburón llamado ‘tiburón negro’ y ha estado atacando a mis buceadores y los ha matado, necesito tu ayuda- explicó a Alex

  • OK, acepto- dijo Alejandro – Se que no quieres pero- espera ¿que? ¿Como?- dijo Pablo
  • Como oyes- dijo Alex.
    Después de eso Pablo llevo a Alex a su oficina, y hablaron del plan – Necesitamos un muñeco y hacer que es una persona y que el tiburón lo ataque tú te tiras y le pinchas el chip entonces ya le dejas escapar- dijo Pablo. -Bien, si no funciona ya verás- dijo Alex.
    Al día siguiente ya estaban preparando todo para el plan, Alex fue buscando información sobre el tiburón para informarse más de el y también saber cómo despistarlo, la cosa no eres tan fácil porque no había casi nada de información sobre el tiburón, lo único que encontró fue que va de velocidad a 50km por hora y que su piel era muy dura.
    Dos días después Alex y Pablo fueron hasta el océano Atlantico para poder poner el chip ya al tiburón, cuando ya estaban terminando de preparar el plan, Alex se tiro al agua para meterse a la celda pero la sorpresa es que el tiburón ya les estaba esperando. El tiburón fue directo a atacar a Alex.
    Alex se movía y nadaba lo más rápido que podía pero no consiguió sobrevivir al ataque del tiburón, y Alex tachó en su lista (quitarse del medio a Alejandro)
  • FIN.

Y ahora la última historia.

Pablo era un joven pero experimentado capitán de barco. Trabajaba para un grupo de científicos canadienses que estaban intentando encontrar una nueva especie de tiburón que algunos buceadores habían divisado en una isla del Océano Atlantico Norte.
Pablo sabía que la búsqueda iba a ser muy difícil, puesto que los tiburones habitan en aguas cálidas y ellos estaban buscándolo en unas aguas mucho más frías.
Creía que todo era objeto de una broma o leyenda local para atraer turistas, pero conocía muy bien a uno de los buceadores que afirmaba que el tiburón era real. Ya no sabía qué pensar. Incluso los buceadores de la isla habían puesto nombre a la especie. Ya la llamaban el “Tiburón Negro del Atlántico”, y de ėl decían que era muy agresivo y peligroso. También aseguraban que su tamaño debía de rondar los siete y ocho metros, por lo cual necesitaban hacer las inmersiones con jaulas anti tiburones.
La misión científica tenía como propósito adherir a la piel del tiburón un chip de rastreo, para poder seguirlo, tenerlo localizado y ver si había más de su especie y poder así mostrar el hallazgo a la comunidad científica.
-Chicos, habéis comprobado bien la seguridad de las jaulas?- Preguntó Isaac, el jefe de la expedición.
-Sí, jefe, está todo bajo control, y tenemos todo el equipo de buceo preparado para la inmersión- respondió Adriana, una experimentada buceadora.
-Capitán Pablo, avíseme cuanto lleguemos al punto exacto donde se vio al tiburón- Dijo Isaac. -Ya hemos llegado- anunció el Capitán. Ahora les toca a ustedes.
Acto seguido los buceadores se pusieron sus equipos y se metieron en la jaula, bajando a una profundidad de 10 metros. Varios científicos empezaron a echar peces y sangre para poder atraer al tiburón.
En los Díez primeros minutos todo estaba en calma, pero en la jaula a Isaac le pareció ver a lo lejos una gran sombra.
-Chicos hay algo raro a lo lejos- dijo Isaac bastante asustado

  • No te asustes Isaac, es un pequeño tiburón blanco- dijo Adriana bastante seguro de lo que ha
    dicho
    El tiburón se fue acercando más a ellos y Adriana estaba menos segura de lo que decía.
    Isaac se estaba asustando mucho, pero sabía que no les iba a pasar nada porque la jaula es irrompible. En cambio a Pablo el capitán si le podía pasar algo porque estaba arriba sin protección y el tiburón podía saltar en cualquier momento.
    Tuvieron que llamar a Pablo por si le iba a pasar algo.
  • Capi, ¿donde estas?- Isaac
  • ¿donde voy a estar? Pues aquí en el barco con el móvil.- Pablo
  • Ponte a salvo. Estamos viendo a un tiburón que a lo mejor es el peligroso- Isaac
  • Ahora me pongo el buzo y bajo. Prepararme una jaula- ordeno Pablo
    Isaac y Adriana se salieron de la jaula con mucho cuidado para preparar la jaula. Pablo bajo con la jaula y todo a por el tiburón. Se acercaron más y…
    Efectivamente era el tiburón fueron nadando súper rápido a por el tiburón y sacaron todos los datos sobre el tiburón y le metieron en el cuerpo el chip. Se fue con mucho miedo el tiburón a su “guarida” y se escondió ahí. Al día siguiente se subieron al barco y desayunaron comieron y todo en el barco.
    De repente, suena unos pitidos en el mando del chip que le habían puesto en el tiburón. ERA UNA ALERTA ROJA. Se estaba acercando el tiburón.
    Pusieron el barco a el modo remar rápido, el barco fue hasta la orilla y se quedaron ahí por unos días.
    Pasó una semana y decidieron ponerse en marcha otra vez. Antes de irse un señor misterioso les dijo:
  • Hola, ¿no seréis vosotros Isaac, Adriana y Pablo no?- dijo con una voz ronca
  • Si somos ¿porque pregunta eso?- contesta Pablo con mucha sospecha
  • No, por nada, es que soy un pescador y me pareció haber oído hablar de vosotros.- dijo el señor muy tranquilamente
  • ¿De quien oyó usted hablar de nosotros?- saltó Isaac sin casi dejarle terminar
  • No, nadie importante. Bueno yo soy Jaime, tengo 23 años y me gusta mucho pescar por
    donde vais vosotros, ¿podría ir con vosotros?- dijo Jaime – Vale, puedes venir, pero con una condición- dijo Pablo
  • ¿Cual?- Jaime
  • Que no digas nada de lo que vas a ver cuando vayas con nosotros- dijo Pablo Jaime se subió al barco, y ellos fueron buscando a el tiburón por el mar. Llegaron a donde estaba el tiburón y…
    De repente Jaime se le vuelven los ojos a color blanco y empieza a levitar.

– –

¿Jaime? ¿Estas bien?- pregunta Adriana
POR EL PODER DEL OCÉANO , DE LA TIERRA Y DEL CIELO YO IMVOCO A TODOS LOS TIBURONES QUE HAY EN ESTE MUNDO PARA MATAR A ESTAS PERSONA LLAMADAS ADRIANA PÉREZ, ISAAC CISNEROS Y PABLO ORTEGA.- grito “Jaime”
Chicos, chicos, chicos han vuelto a caer en mi trampa. Os he hecho venir hasta aquí para mataros. JAJAJAJAJ que inocentes, de hecho os la habéis tragado entera, no me llamó ni Jaime, ni tengo 23 años, ni soy pescador. Me llamó Izan Vallecillo y he traicionado a todos mis amigos y a todos los que me rodean. Tengo 3456 años porque soy inmortal y solo me pueden matar si me quitan esto(les enseña un colgante rojo de una piedra roja)- dijo Izan

  • No por mucho tiempo vas a estar vivo- susurró Adriana
    Adriana salta sobre Izan y le arranca el colgante. Lo tira al agua, a las aguas profundas y no lo va a coger más en su vida.
    De repente deja de levitar y se cae al océano muerto sin conciencia. Todos los animales caen al agua y siguen su vida tranquilamente, mientras que los tiburones negros se comen a Izan.
    Todos se fueron a casa tranquilos y sin poder hacer más expediciones por el mar, océano… porque les habían puesto una denuncia de poner en peligro a la gente y cosas así.
    Adriana se fue tranquilamente con su padre a casa a descansar y trabajar en la misma clínica dental que el.
    Pablo se jubilo, y por último Isaac terminó haciendo Taekwondo en un academia.
    Pero seguían quedando juntos y todo.
  • FIN.


Espero que hayáis disfrutado. En unos días os cuelgo la última expresión escrita, que coincide con el proyecto de música.

Saludos y nos vemos en la biblioteca.

Alberto.

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